Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

XII. Conclusiones

Las condiciones  laborales y de vida de los trabajadores se han venido deteriorando rápidamente en las últimas décadas. Hay, de una parte, un incremento desaforado de la carga laboral, de otra, el gobierno y el poder legislativo mediante disposiciones como la Ley 50 y la 789 de 2002 desmejoraron ostensiblemente las condiciones, afectando la estabilidad laboral, la carga prestacional, las horas extras y el reconocimiento de dominicales y festivos.

 Aún ese frágil marco legal es incumplido por parte de los empresarios quienes desconocen los pocos beneficios laborales que quedaron como el pago de horas extras, las cotizaciones a seguridad social en salud y pensiones, los subsidios familiares, las dotaciones, etc.

El menoscabo de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores se manifiesta en los bajos ingresos; las enfermedades profesionales que agobian su salud, la pobre dieta y la carencia de vivienda propia.

El tener que trabajar durante largas jornadas de pie, haciendo movimientos repetitivos en ambientes de extremo calor ha generado una cantidad de patologías que disminuyen de manera ostensible la calidad de vida de los obreros de la floricultura en la Sabana de Bogotá. Los trabajadores sufren por problemas respiratorios originados al pasar del interior del invernadero, que abrasa, al exterior, algo particularmente nocivo en los días fríos y en las noches gélidas.

El Ministerio de trabajo, que tiene como misión orientar la política pública en materia laboral para mejorar la calidad de vida y el respeto a los derechos fundamentales del trabajo, en vez de favorecer a los operarios floristeros, los perjudica, pues no ha sido un actor institucional que promueva el bienestar de este sector de trabajadores.

Si bien en los comienzos de la floricultura en Colombia numerosas empresas enganchaban directamente a sus operarios, desde hace más de una década se ha impuesto la contratación a través de empresas temporales, cooperativas de trabajo asociado (montadas por las propias compañías en muchos casos). En el caso de los floricultivos, las modificaciones drásticas en las exigencias laborales toman auge desde los años ochentas, se recrudecen en los noventas y en esta época continúan a un ritmo desbocado.

Se puede afirmar que el sistema de trabajo en las floras es manual, que la dirección es despótica y que los incrementos de productividad dependen de manera directa de un mayor esfuerzo muscular y nervioso. Los “estímulos” consisten en la competencia entre los operarios, el acoso de los supervisores, el abochornar en público a los rezagados y en las amenazas de despido o de no renovarles el contrato.

La prolongación de la jornada como una manera de cumplir las metas, y sin pagos adicionales, también es común. Las bonificaciones y cualquier otra recompensa salarial se están dejando de lado. La competencia internacional y problemas como la revaluación se resuelven mediante un rendimiento laboral más pesado (recaen sobre los hombros de los trabajadores).

Gran parte de los asalariados vinculados a la floricultura proviene del campo; muchos de ellos han cursado escasamente primaria, son gente acostumbrada al trabajo duro y a grandes privaciones. Como hay sobreoferta de mano de obra, todas estas condiciones las aprovecha el empresariado florícola, para hacer de ellos una fuerza laboral sumisa y echar sobre sus hombros los costos de la revaluación y de la competencia internacional.

En general, el sistema de trabajo es primitivo, arcaico, un sector con escaso desarrollo tecnológico, combina elementos de taylorismo y de toyotismo para hacer más gravosas las condiciones de trabajo.

El comportamiento cada vez más notorio del Poder Judicial de favorecer a la parte patronal frente a los reclamos de cumplimiento de aunque sea los mínimos legales podría señalarse como el aspecto más dramático de la situación actual ya que ello les atranca toda posibilidad a los trabajadores, no digamos ya de mejorar su existencia, sino que abre el camino para un desmejoramiento cada vez mayor de esta en la medida en que avala aun el desconocimiento de los derechos básicos y prácticamente les cierra las vías legales a sus reclamaciones.