Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

VII. Aumento de la productividad laboral mediante la intensificación del trabajo

a. El reclutamiento inicial

La floricultura en Colombia surge como una actividad absolutamente dependiente del comercio exterior. El pago del salario mínimo, de las prestaciones legales y de algunas bonificaciones y primas por antigüedad son las herramientas a las que acudieron los empresarios pioneros para formar la masa de obreros necesaria para conquistar los mercados.

Llega el momento en el que la oferta de mano de obra supera la demanda a tal punto que los capataces les pueden gritar a los obreros que si algo no les gusta se pueden ir, pues a las puertas de las empresas hay quienes están dispuestos a trabajar por la valera de los almuerzos.

b. Cambios internacionales que propiciaron los bruscos incrementos del rendimiento

Los esfuerzos de reingeniería en la industria florícola colombiana estuvieron motivados, entre otras cosas, por la creciente competencia con Ecuador, en nuestro hemisferio, y con los países africanos, destacándose Kenia, con su bajísimo costo de mano de obra. Esta competencia internacional recae con todo su peso sobre el operario, haciéndole la carga más pesada y presionando los salarios a la baja.

El menoscabo en las condiciones de trabajo ha venido cubriendo los diferentes aspectos, siendo uno de los más graves el de la sobrecarga laboral.

c. Sistema de trabajo en una finca de Flores

En general, las empresas en Colombia les compran los esquejes de las nuevas variedades a las multinacionales obtentoras, sean europeas o estadounidenses. Los esquejes traídos del extranjero se plantan en una cama hecha de escoria y cascarilla. En este lugar, se irrigan las plantas mediante aspersión, por lo cual el trabajador permanece empapado y soportando altísimas temperaturas.

Una vez ha echado raíces el esqueje, se siembra en la sección de plantas madre. La obrera permanece de pie durante toda la jornada y se ve precisada a inclinarse o arrodillarse según la altura de las camas. Los dolores de espalda, los problemas de columna, de venas varices y de rodilla son compañeros indeseables e inseparables de estas operarias. Tanto el enraizamiento como el desbotone y la cosecha se hacen a mano. El calor en esta sección es extremo, la ventilación ínfima; los trabajadores sufren por problemas respiratorios originados al pasar del interior del invernadero, que abrasa, al exterior, algo particularmente nocivo en los días fríos y en las noches gélidas. Además, el rendimiento es extenuante y se incrementa. En una muy conocida empresa ubicada en el occidente de la sábana de Bogotá la exigencia de siembra de 1.300 esquejes de pompón por hora se subió a 1.600 y luego a 2.900. Los movimientos repetitivos que se tienen que hacer por ocho y más horas durante días consecutivos tienden a producir enfermedades como el síndrome del túnel del carpo, entre otras.

En la sección de plantas madre se cosechan unos 1.000 esquejes por hora, durante toda la jornada. Luego son clasificados manualmente en la sala de   clasificadora. Todo el proceso es manual, con la excepción de una parte del riego, que es mecanizada. Al parecer, las administraciones consideran que si el trabajador se sienta disminuye el rendimiento.
Los esquejes son tomados del cuarto frío y llevados al cultivo. Previamente se han levantado las camas de 1 m por 36 m, que están a una altura de 30 a 40 cm del suelo, y se rellenan con cascarilla. Es forzoso sembrar al menos 1.300 esquejes en cada cama en un lapso de 40 minutos.

Después de la siembra hay que regar cuatro veces diarias con una pesada manguera, lo que se hace a mano para que las plantas con su follaje absorban el agua. Este es un quehacer primordialmente masculino, aunque hay empresas que les imponen esta labor a las mujeres. La fumigación también está, en general reservada a los hombres. En diferentes oportunidades se han producido intoxicaciones por la premura con la que se obliga a las obreras a retornar a las áreas desinfectadas. 

El despunte o “pinche”, para que salgan nuevos brotes requiere que la persona se incline fuertemente, lo que provoca los malestares y enfermedades respectivas. Las empresas no permiten que se usen guantes ni para el despunte ni para la siembra; dado que las plantas han recibido diversas aplicaciones se causan reacciones alérgicas en las manos.

Las plántulas se  enmallan para mantenerlas rectas, no obstante los operarios deben ir encanastando o guiando los tallos. Como con las demás tareas, la asalariada tiene que doblarse sobre la cama y, a más de encanastar, desyerba con la mano desnuda.

A los cuatro meses se procede al primer ciclo de desbotone. La mata tiene seis tallos. Hay que asir uno por uno, con una mano, con la otra quitar los botones excedentes. Dado que una cama tiene 1.300 plantas con seis tallos cada una, hay que desbotonar 7.800 tallos. Una obrera puede emplear un día completo desbotonando una cama. A los 5 meses viene el otro periodo de desbotone. Cuando la planta ha crecido mucho, la obrera ha de empinarse o usar una banca o zancos para alcanzar los cogollos más altos, lo que causa frecuentes y graves accidentes.

A los cinco meses y medio o seis comienza la cosecha. En la temporada alta es imperioso cortar toda la jornada y las horas extras a razón de 380 ó 400 tallos por hora. El diámetro de un tallo puede ser de medio centímetro hasta casi dos, lo que da una idea del golpe que produce la tijera y del esfuerzo que implica el uso de la cuchilla.

Hace unos años el despunte, desbotone y corte los efectuaba cada uno en las camas que se le asignaban; ahora las empresas prefieren el trabajo en cuadrillas. Todo el grupo se dedica a una sola labor, unos van cortando, otros desbotonando o guiando. Estos equipos pueden estar formados por 20 ó 30 personas que laboran bajo la dirección de un supervisor. Una idea básica consiste en promover la competencia, si alguno se rezaga se le exige que apure el paso y al conjunto se le demanda que marche al ritmo del más veloz. El grupo no toma ningún tipo de decisiones, ni delibera, ni introduce reformas, sólo se afana por cortar, por ejemplo, a la máxima velocidad; el agrupamiento ha dado resultados a las empresas, pues la gente se vuelve muy ágil al estar haciendo la misma tarea por largos periodos.

Después del corte, las flores van a parar a la sala de clasificación. En una sala, según el tamaño de la firma, puede haber unas doscientas trabajadoras clasificando unos 400 a 600 tallos por hora. Además, al tallo toca quitarle las hojas que estén a menos de 15 centímetros de la pata. Luego hacer ramos de, por ejemplo, 25 tallos. Si se trata de armar buqués, otra empleada se encarga de seleccionar las rosas, claveles, follaje y demás que deban conformarlo.

d. El sistema de producción de un floricultivo frente algunos estilos de dirección de empresas

En la floricultura se impulsa la competencia entre los obreros y se exige a cada persona un rendimiento que iguale a aquel alcanzado por el más hábil o el más joven. Muchas veces el tiempo y la producción inicialmente se miden sin tener en cuenta los defectos resultantes del apremio, pero cuando se estandariza, se exige un resultado sin desperfectos. Lo que predomina es la exigencia de mayor productividad sobre una base meramente empírica o incluso de una manera arbitraria. Si bien en los comienzos hubo estímulos salariales o de otra índole para quien incrementara la producción, actualmente dichos logros no van ligados a ninguna mejora en la paga. Por lo que no es exagerado señalar que en esta agroindustria colombiana los estándares laborales son más rudos que los establecidos por el propio taylorismo.

En los grupos de trabajo no se trata de que los obreros conglomerados decidan alguna meta de producción, pues el despotismo de los cultivos no admite ni siquiera estas formas de “autonomía”, sino que, por ejemplo, en las empresas del Grupo Chía, se conforman equipos de alto rendimiento, generalmente constituidos por ocho trabajadores, a los cuales la empresa les asigna una meta de producción determinada en un plan de tareas denominado plano.

Entre los ocho miembros siempre hay por lo menos uno que tiene restricciones médicas para unas determinadas labores y también es común que alguno tenga que ausentarse por cualquier razón; no obstante, el equipo está obligado a cumplir las metas, sin importar las dificultades mencionadas. Así que la carga por licencias y restricciones no las asume la empresa sino el grupo de trabajadores.

En síntesis, se puede afirmar que el sistema de trabajo en las floras es manual, que la dirección es despótica y que los incrementos de productividad dependen de manera directa de un mayor esfuerzo muscular y nervioso. Los “estímulos” consisten en la competencia entre los operarios, el acoso de los supervisores, el abochornar en público a los rezagados y en las amenazas de despido o de no renovarles el contrato. La prolongación de la jornada como una manera de cumplir las metas, y sin pagos adicionales, también es común. Las bonificaciones y cualquier otra recompensa salarial se están dejando de lado. Tal grado de sometimiento de los operarios es antagónico con cualquier forma de organización o ejercicio de derechos.