Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

V. Detrimento de las condiciones laborales

El deterioro de las condiciones laborales ha obligado a los trabajadores a luchar para evitar el despojo de sus derechos

a. Incremento de la productividad

Para enfrentar las dificultades aludidas, los empresarios han acudido, en primer lugar a exigirles a los obreros un mayor rendimiento, a cambio de pagos inferiores, para lo que han echado mano de diferentes procedimientos, legales e ilegales. Si, según afirma el presidente de Asocolflores, Ernesto Vélez, ya en 2009 se habían perdido 20.000 empleos en el sector, de un estimado de 100.000, es decir el 20% de la fuerza laboral y, no obstante, las exportaciones de tallos se incrementaron entre 2006 y 2010 en cerca de 10%; el aumento de la productividad laboral es drástico. Quiere decir que cada operario producía, en el año 2006, en promedio unos 40.489, 78 tallos y en 2010 unos 55.487,72 tallos: ¡un incremento de productividad de 37%! Los despidos se produjeron a pesar de que el gobierno sujetó la entrega de distintos estímulos a las compañías a que no despidieran personal.

b. Aumento de la explotación de la mano de obra

Los saltos en productividad están, desde luego, relacionados con un crecimiento en el valor creado por el trabajo de los obreros. Por ello es importante establecer el nuevo valor producido por cada trabajador de las flores.

El salario mínimo mensual de 2006 fue de COL$408.000 y si asumimos un incremento de 60% correspondiente a las prestaciones sociales, las cuales en muchas ocasiones no se pagan, el salario anual fue de COL$7.833.600, y si le aumentamos 18% por concepto de horas extras, el salario anual llegó COL$9.243.648, lo que a la tasa de cambio promedio de ese año —COL$2.358,60— equivale a US$ 3.919,12. Multiplicado por cien mil operarios, nos da una inversión en salarios de US$391.912.000. Si se tiene en cuenta que el costo de mano de obra es aproximadamente un 55% del costo total, tenemos que en los demás costos se invirtieron US$ 320.655.272,7 y el total de capital anticipado (costo de mano de obra + demás costos) fue de 712.567.272,7 dólares. Si las ventas fueron de US$ 966.800.000 y le restamos el capital anticipado, tenemos que el nuevo valor producido fue de US$ 254.232.728.  Lo que significa que el obrero tiene una productividad del 65%. O también, que por cada dólar invertido en mano de obra se obtienen 65 centavos de dólar adicionales.

En 2010, el salario mínimo legal mensual fue de COL$515.000, al año COL$9’888.000, incluidas todas las prestaciones. Si se aumenta un 18% por concepto de horas extras, el monto es de COL$11.667.840. En dólares, con la tasa de cambio promedio de ese año, COL$1.898,39, se obtiene un salario anual en dólares de 6.146,17. Lo que muestra que el salario en dólares del obrero colombiano se incremento en 57% entre 2006 y 2010. Pero las ventas FOB alcanzaron los 1.238 millones de dólares. El total invertido en salarios (US$6.146,17 por ochenta mil trabajadores) fue de US$491.693.600 y el total de capital anticipado, US$893.988.363,6, correspondiendo a los costos distintos a la mano de obra la suma de US$402.294.763.6. El nuevo valor creado fue entonces de US$344.011.636,4, con lo cual se demuestra que la productividad del obrero en estos años pasó a ser del 70%. La conclusión ineludible consiste en que el mayor esfuerzo de los obreros absorbió los problemas causados por la revaluación del peso e incluso incrementó el valor rendido al empresariado en un 5%, que es considerable.

Debe señalarse que se está tomando como base el precio de venta de la flor en puerto, es decir, FOB. Si se toma el precio de venta al consumidor final en Estados Unidos o en Europa, se entiende que el nuevo valor producido es considerablemente mayor. Según el propio Ernesto Vélez: “Un dólar que recibo como productor en Colombia, se convierte en US$10 para el consumidor final, es decir, hay US$9 que quedan en la economía americana, correspondientes a fletes, nacionalización, aeropuertos, los costos y el márgenes de utilidad de importadores, mayoristas y detallistas. De ese gran margen en el extranjero disfrutan las firmas cultivadoras más grandes, que tienen cadenas de ventas en territorio estadounidense, pero no las pequeñas.