Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Algunos aspectos del comercio mundial de las flores

La producción y exportación de flores se ha convertido en un sector importante de la economía para varios de los países que dependen de la agricultura y que padecen un escaso desarrollo industrial. Los frutos de este renglón no han originado mayor desarrollo económico ni beneficiado a los pequeños productores, sino que vienen enriqueciendo a unos pocos capitalistas locales, a algunas multinacionales y al capital financiero. Por lo tanto, ha profundizado la dependencia económica de las naciones pobres.

Por Gloria Rosales

La producción y exportación de flores se ha convertido en un sector importante de la economía para varios de los países que dependen de la agricultura y que padecen un escaso desarrollo industrial. Los frutos de este renglón no han originado mayor desarrollo económico ni beneficiado a los pequeños productores, sino que vienen enriqueciendo a unos pocos capitalistas locales, a algunas multinacionales y al capital financiero. Por lo tanto, ha profundizado la dependencia económica de las naciones pobres.

Se afirma que esta actividad es sencilla porque solo requiere de la iniciativa y apoyo de los gobiernos locales, la ayuda del capital foráneo y el establecimiento de firmas trasnacionales; se agrega que es un sector altamente productivo, y que atrae a los inversionistas, en prueba de lo cual se señala, por ejemplo, que la Unión Europea importa cerca de 3.400 millones de euros y que consume más del 50 por ciento de las flores del mundo, (según un informe del Centro para la Promoción de las Importaciones de los Países en Desarrollo, CBI, de Holanda, publicado en 2007).

¿Quiénes exportan?

El mercado mundial de las flores es abastecido principalmente por Colombia, Ecuador, Kenia y Holanda. Colombia, que es el segundo exportador mundial de flores y el primero de claveles, les vende a los Estados Unidos y la Unión Europea; Ecuador, a Estados Unidos, Holanda y Rusia; Kenia, a la Unión Europea; Holanda, a Europa y Asia. Holanda, a causa de su estrategia de reexportación, compra un volumen de flores distribuido así: de Kenia el 40%, de Israel 13%, de Ecuador 10%, de Colombia 5%, y un 33 % de otros países. Esta política apuntala su papel de primer exportador global.

Países exportadores

Participación en las exportaciones mundiales

Holanda

58%

Colombia

12%

Ecuador

7%

Kenia

6%

La rentabilidad del negocio ha llevado a que se invierta en China, México, Perú, Chile, Bolivia, India, Uganda, Etiopía y Tanzania, países que han abaratado los salarios y reducido los impuestos.

China ha logrado repuntar en los últimos años como un importante productor, y ha llegado a mercados como el de la Unión Europea, en el cual Colombia era líder hace tres décadas. Con unos pocos años en el negocio internacional ha incrementado sus exportaciones a unos 90 millones de dólares, apoyándose en la mano de obra barata y la disponibilidad de enormes cantidades de tierra, pues el gigante oriental tiene unas 636 mil hectáreas cultivadas, aunque hasta ahora destina el grueso de su producción a su enorme mercado interno.

Aparte de la reducción de los salarios, en el mercado mundial de las flores juega un papel importante la tecnología. El articulista Andrés Oppenheimer, escribió recientemente: “América Latina debería ser el primer productor mundial de flores: tiene mano de obra barata, un enorme territorio, mucho sol, grandes reservas de agua y una gran variedad de flora. Y, sin embargo, el primer productor mundial de flores es Holanda, uno de los países con menos sol, territorio más pequeño y mano de obra más cara del mundo. La explicación es muy sencilla: lo que importa hoy en la industria de las flores es la ingeniería genética, la capacidad de distribución y el marketing.”

El columnista esconde el problema básico ya mencionado de la baratía de los salarios, el cual es igualmente válido en Holanda, en donde los obreros del sector están entre los peor pagados del país y una gran parte de ellos son inmigrantes, por ejemplo polacos, que son entrampados para laborar por un pago incluso inferior al mínimo. Holanda, además, no produce la cantidad de flores necesarias para abastecer el mercado que tiene, por ello recurre al sistema de re- exportaciones a través de su gigantesco sistema de subasta, mediante el cual compra cultivos enteros y producción futura de las naciones en las que los sueldos son irrisorios.

Los tratados de libre comercio y los pactos aduaneros, además de las muchas otras facilidades brindadas por los gobiernos locales, incrementan la rentabilidad de las grandes multinacionales

¿Quiénes controlan el mercado?

Del mercado de las flores se benefician básicamente tres sectores: quienes controlan el negocio desde la producción hasta la distribución, los subastadores y otros intermediarios, y los financistas. Entre los primeros se encuentran, por ejemplo, Dole Food Company, Inc., The Queen’s Flowers y Florimex. Dedicadas exclusivamente a la distribución están grandes importadoras y comercializadoras, entre ellas, la holandesa FloraHolland, que hace parte de la Federación de Subastas de Flores de Holanda (VBN, por su sigla en holandés).

La Dole, una empresa gringa, es la mayor productora y comercializadora de frutas y verduras frescas del mundo y uno de los más grandes cultivadores de flores de corte de América Latina, las cuales vende en un 90% en los Estados Unidos, principalmente a distribuidores mayoristas y a pequeñas floristerías. Tiene presencia en 90 países, y su único dueño es el magnate David H Murdock, quien también es propietario de Castle & Cook, Inc., firma dedicada a la construcción y administración de bienes inmuebles (hoteles y centros vacacionales de lujo y vivienda), fabricación de materiales de construcción, y al arrendamiento financiero de equipo de transporte. Según su reporte anual de 2007, Dole Food tiene más de 80.000 empleados, e ingresos cercanos a los 7.000 millones de dólares. Este conglomerado es uno de los más grandes de los Estados Unidos que no cotiza en la bolsa y que es propiedad de una sola persona.

Dole Fresh Flowers, creada en 1998, es la división florícola, la cual le representó, en 2007, un 2% de los ingresos, esto es, unos 140 millones de dólares. En Colombia posee alrededor de 20 cultivos de flores, entre ellos, Floramérica, La Fragancia, Splendor, Las Palmas, Altamira, Florex, Lusitania, Jardines de Colombia, Santa Mónica, Colombian Carnations, San Nicolás, Cultivos del Caribe, Claveles de Colombia, Guacarí y la bouquetera Caribbean. También tiene importantes negocios bananeros en el departamento del Magdalena.

En el informe de resultados de 2007, la Dole reportó que su segmento de flores produjo pérdidas superiores a 19 millones de dólares, y anunció que sometería dicha área a revisión y pondría en venta algunos activos, entre ellos las sofisticadas instalaciones centrales de Dole Fresh Flowers en Miami, las cuales ya fueron enajenadas. Luego, en el primer semestre de este año, tomó la decisión formal de poner en venta la totalidad de esta división. Según la calificadora crediticia Fitch Ratings, los ingresos de estas operaciones tienen por objeto hacer abonos para refinanciar la gigantesca deuda bancaria del grupo que, al finalizar el segundo semestre de este año ascendió a 2.400 millones de dólares, y que tiene vencimientos de corto plazo que el gigante corporativo hasta ahora no tiene cómo cumplir, por lo que se encuentra al borde de la cesación de pagos (Publicado por Business Wire 30-07-08). Esta es una demostración a gran escala de que no son los sindicatos y la paga miserable de los obreros los que ponen en dificultades a las empresas, como pregonan tendenciosamente los administradores de las multinacionales, sino la orgía especulativa del capital financiero, amo y señor de la economía mundial.

Los tratados de libre comercio y las muchas otras facilidades brindadas por los gobiernos locales, incrementan la rentabilidad de las grandes multinacionales

The Queen’s Flowers participa en el mercado, principalmente estadounidense, desde 1985, cuando comenzó a desarrollar un entramado de compañías que, aunque manejadas aparentemente como unidades de negocios autónomas, o, dentro de una “coherente autonomía”, como lo señala su propaganda corporativa, están completamente centralizadas e integradas, desde la producción hasta la distribución en los mercados mayorista y al detal. Además, compra y vende productos de otras empresas tanto en el extranjero como en los propios Estados Unidos. Se compone de tres firmas importadoras: The Queen’s Flowers y Golden Flowers, con sede en Miami, y Florexpo, con instalaciones en los estados de California y Oregon. Posee, además, seis plantas para la elaboración de bouquets, ubicadas en Florida, Masachussets, California y Oregon; también es dueña de su propia flotilla de transporte.

La base de ese conglomerado es el llamado Grupo Chía, poseedor de 34 fincas (Santa Bárbara, MG Consultores, Comercializadora Snf, La Mana, El Rosal, Queens, Mountain Roses, Bojacá, El Aljíbe, El Hato, El Tandil, Santa Rita, Santana, Fredonia, Melody, Jayvana, Ubaté, Rio Frío, Valvanera, etc.) que abarcan unas 650 hectáreas y explota 14.000 trabajadores, los cuales producen unos 1.000 millones de tallos al año. Los engreídos aristócratas que componen la dirección del grupo en Colombia no pasan de ser obedientes mandaderos de sus amos yanquis.

Florimex International B.V. tiene negocios en más de 50 países, principalmente europeos (Holanda y España); Estados Unidos; Centro América y Sudáfrica; ella misma señala que es la más grande compañía de su género en el mundo. Importa, exporta, empaca y participa en los mercados mayorista y minorista de flores y plantas verdes, lo que realiza por medio de 30 sucursales con miles de empleados repartidos en todo el planeta. Igualmente, actúa a través de una red de compañías especializadas: Baardse B.V., que es el mayor exportador de flores y plantas de Holanda; Cees van Starkenburg B.V. que también es una gran exportadora y productora, que tiene a su cargo la logística del grupo; Florimex B.V. Aalsmeer, importa y exporta follajes ornamentales y Sierafor B.V., elabora ramos y bouquets.

La más grande importadora y comercializadora del mundo, conocida como el Wall Street de las flores, es la holandesa FloraHolland, fruto de la fusión, el 1 de enero de este año, de las dos más grandes comercializadoras, llamadas subastas: la propia FloraHolland y Bloemenveiling Aalsmeer. Esta unión conformó un gigante que, entre otras, maneja las siguientes cifras clave: seis sedes con más de dos millones de metros cuadrados de instalaciones; 1.600 muelles de cargue y descargue; más de 100 mil transacciones al día; 5.000 empleados; cerca de 10 mil proveedores y más de 5 mil comerciantes; y una facturación anual de más de 4.000 millones de euros, de los cuales 621 corresponden a importaciones, destacándose las de Kenia con un 36% del total.

En ninguna parte del mundo se comercializan tantas flores y plantas como en las seis sedes de esta compañía ubicadas en las localidades holandesas de Aalsmeer, Naaldwijk, Rijnsburg, Bleiswijk y Eeelde. Allí se tratan desde grandes lotes para exportadores o cadenas de supermercados de todo el mundo hasta pequeños paquetes para distribuidores minoristas.

Para participar en este tipo de comercio, el proveedor debe informar sobre la ubicación, tipo y costos de la mercancía que entra al sistema de subasta. La venta se realiza a través del “reloj de subasta” o de la Oficina de Intermediación. El primer sistema consiste en empezar una puja con un precio alto que luego va bajando, y el comprador que obtiene la mercancía es aquel que para el reloj pulsando su botón. La compañía posee 13 salas de subasta en las cuales están ubicados 39 relojes. Por su parte, la Oficina de Intermediación pone en contacto a vendedores y compradores. La subasta de flores fue inventada en Holanda en 1902.

En nuestro hemisferio se han acelerado también los movimientos hacia una mayor concentración y centralización del comercio de las flores. El más reciente ejemplo es la creación, a comienzos de 2007, con el propósito de manejar grandes volúmenes y toda la cadena productiva, desde la finca hasta el consumidor final, de la compañía Pangea Floral Group, por parte de la comercializadora International Floral Distributors, Inc.(IFD), que reúne a 25 mayoristas norteamericanos, entre ellos Seagroatt Ricardi, Kennicott Brothers, Armellini Industries, Mears Floral Products, Nordlie Inc., a los que se sumaron cuatro “experimentadas autoridades de la floricultura colombiana”. Entre todos los integrantes de International Floral Distributors suman unos ingresos anuales de más de 280 millones de dólares, lo cual les dará un decisivo poder en el mercado. Es de anotar que la Asociación de Mayoristas y Proveedores de Flores (WF&FSA, por su sigla en inglés), entidad a la que pertenece la nueva compañía, destacó recientemente, en un documento de orientación a su afiliados, que hoy en día el principal aspecto para mantener la productividad y las ganancias es el control de la nómina. En otras palabras, exprimir a los asalariados.

Por los mismos días de la creación de Pangea, se anunció que AIG Capital Partners, Inc., subsidiaria de AIG Global Investment Group —un monstruo financiero que maneja inversiones en todo el orbe por cerca de 800 mil millones de dólares—, adquirió mediante la compra de un “sustancial paquete accionario” el control de Falcon Farms, propietaria de más de 300 hectáreas de producción en México, Ecuador y principalmente en Colombia, en donde posee 14 plantaciones: Alejandra Farms, Árboles, Caicas, La Niña, El Porvenir, Santa Cruz, Torrremolinos, Valentina, Luisa, Malajín y Molino, en la sabana de Bogotá; Catalina e Isabelita, en la Ceja, Antioquia; y Cajibío, en el municipio del mismo nombre, en el Cauca. Falcon también tiene negocios con grandes productores de flores en todo el mundo, y cuenta con instalaciones en California, Texas, Miami, Georgia, Atlanta y Canadá.

Quienes trabajan en la producción con salarios inhumanos pagan con sus crecientes penurias el enriquecimiento de unos pocos

En 2006, entre los conglomerados Dole, Chía y Falcon tuvieron ventas de alrededor de 650 mil millones de pesos (unos 290 millones de dólares teniendo en cuenta que la tasa de cambio promedio de ese año fue de $ 2.239 por dólar), lo que quiere decir que acapararon más del 30% de las ventas, cuyo total fue de 960 millones de dólares. Si a los anteriores les agregamos otros grandes grupos como The Elite Flowers, Sunshine Bouquet, C.I. Hosa, Flores Ipanema, Flores Funza, Jardines de los Andes, Benilda, Multiflora, Miramonte, Vistaflor y otros pocos, encontramos que menos de una veintena, controlan alrededor del 70% del negocio.

Esos mismos magnates son los verdaderos beneficiarios de los pródigos subsidios del gobierno, de cientos de miles de millones de pesos, destinados a aliviarles las mermas de las ganancias causadas por la revaluación, las heladas, los problemas fitosanitarios, o a promover las exportaciones. Como si fuera poco, las sucesivas reformas laborales, aparte de abaratarles el costo de la mano de obra, les han permitido atomizar la operación en distintas unidades con aparente independencia, jugada cuyo fin principal es oponer otra muralla contra la organización de los proletarios.

Así explotan a los trabajadores

Todo lo anterior muestra que el peregrinaje de las flores, desde que salen empacadas del cultivo, hacia los consumidores del mundo desarrollado, pasando por bolsas y grandes mayoristas y especuladores, termina abultando el capital de un cada vez más reducido grupo de oligarcas. Mientras quienes trabajan en la producción con unos salarios inhumanos, que no reconocen su esfuerzo y desgaste, pagan con sus crecientes penurias ese enriquecimiento.

Por su parte, los Estados de las naciones productoras subdesarrolladas les crean a esas multinacionales las condiciones propicias para la explotación de los trabajadores. Los medios predilectos para ello son las legislaciones laborales injustas, los contratos a término fijo, la subcontratación, los salarios ínfimos, la demora o la negación de la paga, las presiones, las amenazas, en fin, la violación de hasta el más mínimo derecho.

En la propia Holanda, el 60% de los operarios son subcontratados, polacos en su mayoría. Del otro 40% la mitad trabaja tiempo parcial y son principalmente amas de casa, estudiantes e inmigrantes. Junto a la reducida cantidad de enganchados directamente las empresas utilizan desde la abierta persecución hasta las barreras idiomáticas para impedir la sindicalización, que apenas llega al 8%. La explotación ha llegado a tales niveles que muchos trabajadores, la mayoría provenientes de Europa Oriental, acceden “voluntariamente” a firmar un documento en el que aceptan trabajar horas extras sin recibir ningún recargo, a cambio de alargar su estadía y poder regresar con algo más de dinero a sus países de origen. Así, hacen inclementes jornadas de entre 70 y 80 horas semanales.

Los lugares y los métodos de trabajo devastan la salud. Operarios de Kenia, Nicaragua, Ecuador, Colombia, Perú y muchas otras partes del mundo, vienen denunciando el abuso y mal manejo de pesticidas. Pero las enfermedades no son causadas solamente por el uso de químicos, sino por las extensas horas de trabajo de pie, la brutal intensificación de las labores y de la jornada, la falta de aireación de los cultivos, las emisiones tóxicas de las hogueras con las que se contrarrestan las heladas.

Frente a todas estas circunstancias se levantan las organizaciones obreras que quieren suprimir tanta injusticia y arrancar los derechos que merecen los trabajadores. Por ello, las compañías fomentan el paralelismo sindical y la traición, los líderes son perseguidos con saña y la organización difamada, y la patronal no se detiene ante nada con tal de hacerlos desistir de sus demandas.

Sin embargo, los asalariados no se doblegan frente a esta guerra sucia auspiciada por el Estado y practicada por las multinacionales y resisten hasta el colmo de sus fuerzas, pues entienden que en toda esta cadena son ellos el eslabón más importante y que, al fin, antes que sucumbir, recuperarán lo que les ha sido arrebatado.