Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

La extremada explotación en el Grupo Chía

El llamado Grupo Chía es de lejos el más poderoso de la floricultura colombiana; su casa matriz en los Estados Unidos es The Queen´s Flowers, fundada en 1980. Las ventas de sus casi cuarenta cultivos, asentados en varios cientos de hectáreas, alcanzaron en 2010 algo más de 309 mil millones de pesos, alrededor del 15% de las exportaciones del sector. Sus mercados principales, en cada uno de los cuales tiene agentes establecidos, son Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Rusia, Alemania, Suiza y Japón. Hacen parte de este conglomerado algunos de los más renombrados cultivos en la Sabana de Bogotá y la zona de Rionegro en Antioquia, entre ellos: Agroindustria del Riofrío; La Mana; MG Consultores; C.I. Pardo Carrizosa Navas (Santa Bárbara); El Trigal; GR Chía; Flores Canelón; Flores Jayvana; Mountain Roses; La Valvanera; Queens Flowers Colombia (Q.F.C.); El Tandil; El Ciprés; Jardines del Rosal; Flores de Bojacá; El Aljibe; Scarlet's Flowers; Las Acacias; Melody Flowers; Jardines de Chía.

Si hubiera que escoger una expresión para caracterizar a este emporio sería: recarga laboral, la que ha establecido mediante sistemas que en algunas fincas llaman Meteoro (Manejo Excelente de Tallos de Rosa), consistente en bajar al máximo los tallos que no cumplan las condiciones de exportación; Retos o Equipos de Alto Rendimiento, cuya característica principal es la exigencia de unas metas colectivas de producción cada vez más altas.

Para lograrlas ha generalizado el irrespeto a las restricciones médicas; el no reemplazo de los operarios ausentes y la carga sobre los demás integrantes de cada equipo de las labores de aquellos; el incremento de las camas asignadas por persona (con el agravante de que la producción por metro cuadrado es cada vez mayor) y del número de flores a clasificar y bonches que deben armarse; la no contabilización de los verdes en la elaboración de los ramos; la agregación de nuevas labores en cultivo, por ejemplo, sumándoles erradicación y siembra a los habituales desbotone, corte, barrido y aseo; las asignación a las mujeres de labores que regularmente realizan los hombres tales como riego, carga de de fertilizantes y gavetas; la violación a las orientaciones de salud ocupacional, como las pausas activas; la ampliación de la llamada jornada flexible, impuesta sin el lleno de los requisitos legales; las limitaciones al uso de los servicios sanitarios; la aplicación del leonino sistema conocido como banco de horas; la mezquindad con los elementos de protección como chanchones, máscaras, petos, guantes, etc.; la instauración de sistemas humillantes como semáforos o tarjetas de color para publicar a quienes "no rinden". A esto lo acompaña usualmente el trato altanero de facilitadores o de los auxiliares. En fincas como Q.F.C. no se tiene derecho a opinar, quienes lo hacen son castigados regando durante un día completo o tensando piola en camas de primer piso.

Los obreros para cumplir las metas dejan de atender sus necesidades biológicas básicas, como tomarse los alimentos o usar los sanitarios; realizan trabajo suplementario no remunerado; procuran no ir al médico así estén graves, no piden permisos personales así los requieran con urgencia. Este sistema también se convierte en el origen de enfrentamientos y división entre los propios operarios.

A causa de lo anterior es notorio el agravamiento de las enfermedades profesionales, aunque los Administradores de las fincas, mediante estadísticas tergiversadas, aducen que el grueso de las afecciones son de origen común, eludiendo el hecho de bulto de que las ARP clasifican así las dolencias por su interés de librarse del pago eventual de indemnizaciones o pensiones; y que quienes, por excepción, obtienen que su mal se dictamine como originado en el trabajo, lo logran luego de un tortuoso proceso que dura varios años.

En varias fincas se califica a los operarios mediante el humillante sistema de tarjetas de distintos colores, a quien saca azul le dan libre la mitad de la jornada del sábado —igual sucede bajo el sistema de retos—, para ello hay que terminar al 100% las labores, cometer cero errores, no tener ausencias. En Q.F.C., por ejemplo, no se tiene en cuenta el tiempo que toca estar fuera del área cuando esta es asperjada, y la labor se evalúa el viernes, cuando las metas están calculadas incluyendo los sábados. Este sistema de compensación con algunas horas a cambio del cumplimiento de metas, el cual se aplica en la mayoría de las fincas del grupo, es una abierta estafa. En Santa Bárbara el sindicato ha demostrado cómo las cuatro horas que le dan a quien logra cumplir, finalmente se reducen a unas dos, si se tiene en cuenta, entre otras cosas, que la compañía escamotea las dos horas obligatorias para esparcimiento, cultura, deporte o capacitación, establecidas en el artículo 21 de la Ley 50.

La organización demuestra que se pueden detener los atropellos

En Pardo Carrizosa Navas, si bien los tropelías mencionadas son moneda corriente, la gerencia tiene que lidiar con la rebeldía permanente de los trabajadores liderados por el sindicato filial de Untraflores. Debido al incansable batallar de éste, que ha impulsado mecanismos singulares de lucha como hacer mítines antes del inicio de la jornada o empapelar la plantación con combativos mensajes, que los operarios leen ávidos antes de que la gerencia los despegue, la empresa se ve obligada a aflojar la presión o a medio cumplir las normas de salud preventiva. Esta lucha denodada y permanente en la cual cada día se destacan nuevos dirigentes, especialmente mujeres de las diferentes áreas, hacen que Untraflores goce de un enorme prestigio entre las bases, que aunque por el temor aún existente no se afilian, sí buscan variadas maneras de expresar su simpatía y apoyo a la organización. Este respaldo despierta el repudio de la Gerencia que incluso pretende dividir el sindicato para enajenarle el respaldo del obrerismo.

Negociación colectiva

En esta misma empresa Untraflores tiene pactada una convención colectiva que se negoció nuevamente a finales de 2011. Este proceso fue precedido por la firma acelerada del pacto colectivo que la gerencia llama "renovación", o sea, que no hay ningún proceso de discusión sino que las directivas lo redactan y los "facilitadores" (capataces) se encargan de hacer firmar por los empleados. En esta ocasión el pacto fue un retroceso ya que la empresa impuso la congelación de las prestaciones extralegales que se lograron cuando se fundó la organización sindical y aumentó el salario en un porcentaje ridículo que ni siquiera alcanza a lo incrementado por el gobierno en el mínimo. Estas mismas condiciones pretendió imponérselas al sindicato durante la negociación del pliego de peticiones, pero éste con el apoyo total de sus afiliados se negó a aceptar pasivamente tamaña imposición y optó por someter sus peticiones a un tribunal de arbitramento —que con su laxitud tradicional el Ministerio del Trabajo aún no ha convocado—.
El pequeño destacamento de Untraflores en Santa Bárbara es una fuente de inspiración para los demás trabajadores del grupo y de la floricultura en general. Antes que ceder a las intrigas de los patrones y los oportunistas debe fortalecer su unidad y su lucha.