Un sindicato consecuente en cada empresa y toda la clase obrera de la floricultura en Untraflores

Elite se agiganta y arrecia la explotación de los asalariados

Elite Flower Farmers SAS, fundada en 1990, hace parte de las empresas florícolas más grandes de la Sabana de Bogotá. En los últimos años ha crecido rápidamente, completando alrededor de 15 fincas, la mayoría en Faca-tativá, una en el Rosal, dos en Sibaté. Además, tiene un contrato de coadministración de Las Palmas, ubicada al norte de la sabana, propiedad del descaecido Grupo Nannetti. Entre sus fincas se cuentan Fantasy, Kensuki (en Sibaté); Elite El Rosal, Esmeralda, El Morado, Santa Catalina, Valentina, Santa Tecla, Santa María. Recien-temente adquirió Flores Colón, con alrededor de 50 hectáreas en clavel, mini clavel y rosa. Así Elite se acerca a las 350 hectáreas. Es tan grande su crecimiento que su propia producción no le da abasto para cumplir los com-promisos con los clientes, por lo que se ha vuelto una importante compradora de flor a otros cultivos.

 

Representa en Colombia y Ecuador a uno de los más grandes obtentores de variedades de rosas en el mundo, la firma alemana Rosen Tantau, para lo cual cuenta con áreas de propagación en estos dos países; anteriormente esta franquicia la manejaba a través de la firma que llevaba el nombre de su fundador, Peter Hannaford y Cia. Ltda., la cual fue liquidada voluntariamente.

Como sucede también con los otros poderosos conglomerados florícolas, Elite cuenta con su propia red de distribución en los Estados Unidos, que consta de cinco centros estratégicamente ubicados para cubrir todo el mercado norteamericano: Elite del Sureste, en Miami, Florida; Elite del Noreste, en Burlington, New Jersey; Elite del Medio Oeste, en Alsip, Illinois; Elite de las Montañas Rocosas, en Denver, Colorado; Elite Flowers de California, en Irwindale. Aunque su mayor mercado es Estados Unidos exporta también a Holanda, Japón y Rusia.

Sumando únicamente los datos de Elite y Fantasy, las ventas de la firma en 2010 fueron de 210.000 millones de pesos (más de 183 mil millones y 26.500 millones, respecti-vamente), cifra que equivale al 10% de las exportaciones de flores del país en ese año. Con sus recientes adquisiciones pronto controlará un 15% de las ventas colombianas del producto. Según un despacho de la agencia de noticias EFE, del 10 de febrero de este año, durante el pasado San Valentín vendió 70 millones de tallos, de un total de 450 millones, es decir, que Elite acaparó el 15,5% de las flores colocadas en esa fiesta. Este resultado está influido por el hecho de que, junto con el fondo de inversión Advantage Capital Partners, el señor Juan Carlos Hannaford le compró al grupo Nannetti, a mediados de 2011, la empresa Sunburst Farms Inc., uno de los mayores importadores y comercializadores de flores en Estados Unidos y el mundo, el cual, entre otras ventajas, tiene acceso privilegiado a Wal Mart, el gigante de las ventas detallistas en ese país. Sunburst Farms anunció que a raíz de esta operación ampliará su negocio asegurando acuerdos de suministro a largo plazo con varias firmas colombianas, y buscará comprar "a los mejores precios" a distintos productores del globo.

Principales grupos exportadores de flores en Colombia

Riqueza a costa de una cruda explotación

Elite tiene una planta regular de más o menos 5.000 obreros , pero en los picos llegan hasta 8.000, la mayoría enganchados a través de Temporales como Activos. Contratados directamente quedan si mucho unos 800. Está certificada por Florverde, Rainforest, Very Flora, Basc, Global GAP. Aunque algunas de estas certificacio-nes contemplan el derecho de asociación, el sólo mencionarlo se ha vuelto una especie de delito. Si a un obrero se le escapa la palabra sindicato más tarda en hacerlo que en ser despedido; el mismo día le entregan la liquidación con el fin de no verlo jamás por la compañía, y si se sospecha de alguno, lo llevan al polígrafo, pasando por encima de la ley. Los sellos de calidad de las certificadoras en realidad les sirven a las empresas para exportar más y a mejores precios, mientras a los obreros les quedan la explotación, la recarga laboral, la desmejora de los salarios y hasta el banco de horas —devuelven las horas extras en tiempo, excepto en las temporadas de San Valentín y Madres—, lo cual es un verdadero martirio, que los operarios sienten en lo más profundo de su ser, ya que como allí el trabajo suplementario se ha vuelto habitual, incluso en domingos y festivos, los obreros hacen este sacrificio sólo para llevar algo más de dinero a sus hogares y paliar sus ingentes necesidades. Con este método Elite hace un doble negocio: se evita cancelar los recargos y obtiene el mismo rendimiento del obrero, ya que la "devolución" del tiempo se hace cuando las exigencias del cultivo son menores.

A un obrero le dan 60 camas de rosas para realizarles todas las labores (en 2003 le entregaban en promedio 40), lo que se agrava por el hecho de que la producción por metro cuadrado es mayor que hace 10 años. Muchas veces no se alcanzan los rendimientos exigidos por la calidad de flor, por los problemas fitosanitarios, por el tiempo que se utiliza en los desplazamientos o por reducción del producto. En fumigación, un equipo de cuatro obreros tiene que asperjar hasta 15 bloques diarios y hacerlo durante seis meses seguidos, tiempo en el que no le cambian el chanchón (impermeable), esta dotación se deteriora tanto que termina totalmente perforada, poniendo en riesgo de intoxicación al fumigador.

Los horarios flexibles son otro atropello, princi-palmente contra los operarios de poscosecha; todos los días les cambian la hora de ingreso, en ocasiones es a las 11 o a las 12 de la mañana, otras veces a la una de la tarde. Esto significa que el obrero tiene que estar disponible casi las 24 horas, que, por ejemplo, no pueda proponerse estudiar; que enfrente graves problemas para atender su vida familiar.

Incluso, el reciente cambio de razón social se utilizó para crear zozobra entre el personal debido a que la Administración fue haciendo reuniones para dar información fragmentaria, hablar de que con ello se ahorraban impuestos, pero que para los empleados "nada cambiará", sin embargo hicieron firmar una clausula nueva en el contrato cuyo fin nadie conoce.

Las exageradas exigencias de rendimientos hacen que se cuenten por centenares los operarios con restricciones médicas, limitaciones que son violadas perma-nentemente. Si un trabajador tiene autorizado levantar sólo 5 kilos, los supervisores lo obligan a que alce 15; exigen rendir al 60% y 70%, cuando solo puede hacerlo al 40% o 50%. Si quienes tienen estas limitaciones hacen parte del grupo cada vez más reducido de quienes ganan algo más del mínimo se les congela la paga año a año: ¡a mayor enfermedad menos salario! Cuando las incapacidades duran más de tres días la empresa no las paga, la descuenta o toca pagarla en tiempo; los temporales que sufren accidentes o deben someterse a cirugías que ameriten varios días de incapacidad quedan en la mira del despido, y entre la empresa y la temporal se tiran la pelota para no pagar la incapacidad. Para colmo, el médico de planta decide "a ojo" a quién le suprime las restricciones dicta-minadas por las EPS o ARP —entidades que la compañía cambia a a su antojo afec-tando la continuidad en los trata-mientos—, diciéndole que ya está en perfectas condiciones para cumplir todas las labores, hacer horas extras y así "ganar más platica".

Para completar, están las humillaciones de jefes y jefecitos, quienes para hacer cumplir con creces las órdenes de la Gerencia sobre rendimientos, niegan los permisos personales y fastidian a quien tenga que asistir a una cita médica en horas de trabajo; hasta impusieron el absurdo de llegar 10 minutos antes del inicio de la jornada para "hacer las pausas", cuando, por lógica, ellas deben hacerse durante la jornada. Y si alguien chista, le lanzan a la cara que: "si no le gusta en las porterías hay muchos esperando trabajo."

Elite pretende encubrir semejante régimen de explo-tación mostrándose en el exterior como un modelo en el trato al ambiente y los trabajadores, a quienes busca busca cubrirles las necesidades básicas: vivienda, salud, educa-ción, esparcimiento, etc. Hasta el Fondo de Empleados, que se nutre con aportes de los obreros, lo presenta como una dádiva de la compañía. Esta campaña de propaganda incluye acuerdos con distribuidores de los Estados Unidos como Whole Foods Market, una cadena detallista también interesada, como casi todos los grandes mono-polios, en mostrarse "socialmente responsable", que coo-pera con ella en el sostenimiento del jardín infantil —el cual cubre un porcentaje cada vez menor de hijos de los trabajadores—, con base en un sobreprecio por sus supuestas políticas de bienestar.

Los asalariados de Elite deben rechazar las injusticias, no permitir que a pesar de los abusos, de los exagerados rendimientos, de la temporalidad masiva, que viola la le-gislación del trabajo, la compañía blasone de ser un paraíso. Por el contrario, deben exigir que se mejoren los salarios y las prestaciones y que se deje de nivelarlos por lo bajo, es decir, de reducir a la inmensa mayoría de operarios al mínimo; que se contrate directamente a todo el personal; que cese de tener fincas enteras, como Fantasy, con solo temporales, a pesar de que por ley estos contratos sólo son legales cuando se trata de suplir licencias, vacaciones, incapacidades o picos de producción; que deje de perse-guir a quien quiera ejercer la libertad de asociación. Pero nada de esto se logrará sin superar el miedo y entender que organizarse no es un delito sino un derecho.