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Carta de un trabajador de Papagayo

 

Sobrecarga de trabajo y acoso intolerables

En Papagayo la recarga laboral es brutal. Anteriormente a cada trabajador le asignaban aproximadamente 25 camas, en la actualidad el número oscila entre 40 y 50, de las cuales la mayoría se encuentra en producción y el resto en formación. Es obvio que esto lleva a que se presenten atrasos en las tareas, pues cada operario debe desbandar, desbotonar y cortar el tallo; así, tener las labores al día, se vuelve imposible.

El acoso tampoco cede, el peor caso es el de la la señora Martha Consuelo Rodríguez, de Recursos Humanos, que hace a toda hora requisas a los trabajadores, como si fuéramos delincuentes. Esto con el fin de encontrar cualquier pretexto (un dulce, un labial, un celular) que le permita iniciar procesos disciplinarios para despedirnos con justa causa y embolatar la indemnización a la que tenemos derecho. En menos de 4 años, de los 700 operarios que teníamos contrato directo hoy solo quedan la mitad. Una prueba clara de que la política de la compañía es sustituir los contratos directos por temporales, es decir abaratar aún más la mano de obra.