En esta plantación, propiedad del señor Juan Pablo Rodríguez, uno de los grandes magnates de la floricultura, todos los trabajadores son subcontratados.
Los supervisores obligan a las obreras embarazadas a hacer horas extras y ni siquiera les dan una merienda, también las fuerzan a hacer podas sin tener en cuenta lo peligroso que esto puede resultar en su estado y, para obligarlas a trabajar tiempo extra, es común que los jefes las amenacen (como también sucede con el resto de operarios), con expresiones como “si no se quedan ustedes saben lo que les pasa”. Los sábados no calientan los almuerzos y a quienes laboran los dominicales y festivos, hasta la 1 o 1:30 de la tarde, tampoco les dan ni un refrigerio.
Es tan descarado este empresario, que a pesar de tanta iniquidad está buscando que Asocolflores lo certifique con su sello verde por sus “méritos” sociales y ambientales. Seguramente obtendrá el reconocimiento porque al alcahueta gremio de los empresarios lo único que le importa es que los cultivadores les paguen la cuota y con eso ya tienen para recibir la bendición.