La empresa tiene alrededor de 60 trabajadores, muy pocos para todas las labores, esto ha traído como consecuencia que los operarios tripliquen el trabajo, incluida la limpieza de los laterales, además de atender las camas. La gerente Martha Patricia Padilla montó la trampa de que cancela horas extras solamente hasta que el personal tenga las labores al día. Por su puesto, no les ha cancelado el trabajo suplementario desde el 2006. Ante esta situación, muchos operarios han tenido que llevar a otras personas para que les ayuden a sacar el atraso y repartir el salario. Tampoco tienen derecho a la dotación, no les suministran agua potable, los baños no tienen servicio de agua, los operarios de fumigación tienen que hacer los overoles en plástico, usan una piyama que hace como siete años que no la cambian, no les dan la media hora para ducharse y mucho menos el líquido para hidratarse. La gerencia rebaja la cantidad de químicos ordenados para la fumigación; la pregunta es ¿qué pretende con esto? Son trampas para poder despedir o sancionar a los obreros con justa causa.
Con frecuencia la señora Padilla amenaza al personal, lo insulta y le dice que son unos deshonestos por no rendir más. Los trabajadores que viven en Briceño tienen que buscarse su propio medio para llegar a sus casas, ya que la gerente les prohíbe utilizar las rutas que vienen de Sopó y que tienen puestos vacíos; y para colmo, en las temporadas, cuando laboran hasta las dos de la mañana, el personal de Sopó tiene que irse a pie porque no le manda el bus. Hace poco, a los trabajadores de Zipaquirá les quitaron la ruta con el único fin de hacerlos renunciar.
Los trabajadores de empresas pequeñas como Flores Coflexpo también tienen los mismos derechos y no tienen por qué soportar las injusticias.